martes, 21 de junio de 2016

Voto robado: cuando España no está para dar lecciones de democracia




Desde hace unos meses, a los españoles se nos ha mostrado el ejemplo de un país dictatorial y antidemocrático: Venezuela. Hasta allí han viajado políticos de todos los pelajes (Gallardón, PP; Felipe González, PSOE;  Albert Rivera, Ciudadanos) para demostrar a los venezolanos cómo deben hacer una democracia. Porque todos sabemos que España es el ejemplo perfecto de democracia.
En las anteriores el Gobierno introdujo, para los que votaban desde el extranjero, el llamado voto rogado, que pronto empezó a llamarse voto robado. El Gobierno, sabedor de que el voto extranjero le perjudica (incluso podría modificar el número de escaños que recibe un partido) decidió endurecer las condiciones para votar desde el extranjero, convirtiéndolo en una carrera de obstáculos burocráticos. El objetivo era que el máximo número de personas desistieran. Un ejemplo muy claro: una española que trabajaba en los territorios franceses en ultramar tenía que trasladarse hasta París para solicitar el voto.
Los valientes que no desisten en su empeño por votar se encuentran con otro problema: las papeletas no llegan correctamente. Por Facebook hay decenas de denuncias como la de la imagen. Falta la papeleta de Unidos Podemos (vaya, qué curioso) y a cambio la de otro partido está repetida (en algunos casos, el PP; en otros UPyD). Y estos problemas llegan prácticamente sin tiempo material para ser solucionados.
Me pregunto cómo España, un país que está dejando sin voz ni voto a muchos de sus compatriotas, puede atreverse a dar lecciones de democracia a otros países. Nuestros políticos deberían mirar menos a Venezuela y más a España.